El libro ¨Crisis de la
Democracia de América en República Dominicana¨, escrito por el
Profesor Juan Bosch, explica históricamente el origen de las
contradicciones entre República Dominicana y Haití.
En su relato, Bosch plantea
la tesis de una lucha interminable que mantienen los descendientes de los
negros esclavos que fundaron la República de Haití, en contra de los blancos y
los mulatos, a quienes visualizan como sus enemigos.
¨La isla Española tenía
frente a su costa noroccidental una pequeña isla adyacente, La Tortuga; el
Gobierno colonial español abandonó La Tortuga porque le era costoso en hombres
y en dinero defenderla de incursiones inglesas y francesas, y así fue como La
Tortuga pasó a manos de piratas franceses y más tarde a manos del Gobierno
francés.
Desde La Tortuga, poco a
poco, los blancos franceses fueron acomodándose en los pequeños valles fértiles
de la parte norte del oeste de la Española; fueron llevando esclavos y
organizando plantaciones de caña y de índigo, de manera que cuando España vino
a darse cuenta, ya había en su colonia una población de franceses que se
consideraban por derecho de conquista colonos franceses, parte del imperio
colonial de Francia, sin deber de obediencia al Gobierno español.
Al principio, esa colonia
francesa de facto se llamaba Saint-Domínguez; después pasó a llamarse Haití. Al
principio, España la dejó estabilizarse por indolencia; después, tuvo que
reconocer su existencia, y al cabo, en el siglo XVIII, debilitada por su
continuo guerrear en Europa, España admitió que Haití era de derecho colonia de
un poder extranjero.
He contado con ciertos
detalles lo que pasó en la colonia de Haití cuando los esclavos se rebelaron
contra sus amos a consecuencia de la agitación que produjo en la colonia la
Revolución Francesa; lo hice en mi libro Trujillo: causas de una tiranía sin
ejemplo. No voy, pues, a repetirme; pero sucintamente explicaré que de esa
rebelión surgió, al comenzar el siglo XIX, la República de Haití, y que ésta
tenía ya dieciocho años de vida cuando los dominicanos se declararon
independientes de España y protegidos de Colombia.
Menos de dos meses después
de esa acción política dominicana, los ejércitos de Haití cruzaron la frontera
y extendieron su gobierno a toda la isla. Así se explica por qué la República
Dominicana, establecida en 1844, surgió en guerra contra Haití y no contra
España, que había sido su metrópoli original.
Esa guerra, que en la
historia dominicana se conoce con el nombre de “guerra de independencia”
—aunque en los días en que se llevaba a cabo se llamaba, con mayor propiedad,
“de separación”— fue la culminación de una lucha larga, que se había iniciado
desde el siglo XVII, que se mantuvo prácticamente todo el siglo XVIII, y que tuvo
a principios del siglo XIX páginas sombrías con las invasiones de Toussaint, de
Dessalines y de Cristóbal.
Los dominicanos, pues,
formaron su sentimiento nacional peleando, primero contra los franceses de la
región occidental, y después contra sus herederos, los haitianos.
He contado con ciertos
detalles lo que pasó en la colonia de Haití cuando los esclavos se rebelaron
contra sus amos a consecuencia de la agitación que produjo en la colonia la
Revolución Francesa; lo hice en mi libro Trujillo: causas de una tiranía sin
ejemplo.
No voy, pues, a repetirme;
pero sucintamente explicaré que de esa rebelión surgió, al comenzar el siglo
XIX, la República de Haití, y que ésta tenía ya dieciocho años de vida cuando
los dominicanos se declararon independientes de España y protegidos de
Colombia.
Menos de dos meses después
de esa acción política dominicana, los ejércitos de Haití cruzaron la frontera
y extendieron su gobierno a toda la isla. Así se explica por qué la República
Dominicana, establecida en 1844, surgió en guerra contra Haití y no contra
España, que había sido su metrópoli original.
Esa guerra, que en la
historia dominicana se conoce con el nombre de “guerra de independencia”
—aunque en los días en que se llevaba a cabo se llamaba, con mayor propiedad, “de
separación”— fue la culminación de una lucha larga, que se había iniciado desde
el siglo XVII, que se mantuvo prácticamente todo el siglo XVIII, y que tuvo a
principios del siglo XIX páginas sombrías con las invasiones de Toussaint, de
Dessalines y de Cristóbal. Los dominicanos, pues, formaron su sentimiento
nacional peleando, primero contra los franceses de la región occidental, y
después contra sus herederos, los haitianos.
Me veo en el caso de
repetir ahora lo que dije en mi libro sobre Trujillo acerca de la
revolución haitiana: ha sido la única revolución en la historia moderna que fue
a la vez guerra de independencia —de colonia contra metrópoli—, guerra social
—de esclavos contra amos— y guerra racial —de negros contra blancos—. La
violencia de esas tres guerras en una resultó devastadora; en términos
absolutos, no relativos, los antiguos esclavos destruyeron toda la riqueza
acumulada en Haití durante la colonia, y esa riqueza era mucha.
Sin embargo —y esto no lo
dije en aquel libro porque estaba haciendo el análisis de un problema
dominicano, no haitiano— sucede que en cierta medida, el aspecto destructor de
la revolución haitiana ha sido continuo; de hecho, Haití ha seguido, a lo
largo de su vida independiente, en guerra constante contra todo núcleo humano y
social que pudiera convertirse, por cualquier vía, en sustituto de los colonos
franceses.
Esa especie de guerra
social perpetua, que en su origen fue de negros contra blancos —debido a que
los negros eran los esclavos y los blancos los amos—, derivó después hacia la
matanza de los mulatos y se ha conservado como lucha sin cuartel de los negros
contra los mulatos.
Las carnicerías de los
tiempos de Soulouque, en que los mulatos eran las víctimas, encogen el ánimo
del que estudia la historia de Haití. Ahora bien, sucede que los mulatos eran
los que —tal vez por ser hijos de blancos, y por tanto disponían de más medios—
se preparaban para ser burócratas, comerciantes, profesionales; formaban élites
que al principio no tenían sustancia económica pero que al final adquirían
bienes, con lo cual amenazaban convertirse en minorías con poder económico.
Al mismo tiempo que esas
matanzas, con sus naturales consecuencias de inestabilidad política, retardaban
el desarrollo del país, los gobernantes usaban el poder para hacer negocios,
para enriquecerse y sacar dinero hacia Europa o —más recientemente— hacia
Estados Unidos; de donde resultaba que se expoliaba a un pueblo pobre, se le
robaba a la miseria.
Y al tiempo que eso iba
sucediendo década tras década, la población haitiana crecía, su tierra se
erosionaba, los medios del Estado eran cada vez menos de los que se necesitaban
para darle al Pueblo educación y salud¨
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